Despiértame a tiempo
Despiértame a tiempo de abrir la puerta al hermano que
llama, de abrazar el misterio aunque queme, aunque angustie,
aunque desespere. Despiértame a tiempo de mirar todo con ojos nuevos, de soltar los nudos, de soltar amarras, de ir mar adentro
aunque tenga miedo.
Despiértame a tiempo de descubrirte en todos y no perder un detalle, de no jugar todo a una sola carta que ni siquiera sé si es la mía. Despiértame a tiempo de ordenar la casa, de limpiar las estancias y de hacer de este templo un hogar para ti y para quien quiera habitarlo.
Despiértame de este letargo en el que vivo aguardando en silencio y ansiedades, de esta fantasía que la mayoría de las veces no me parece que la hayas sembrado tú. Despiértame del error que no me deja abrir el pecho a nuevos comienzos, que me impide dejarme ser sin más, que hace peligrar la paz y la alegría que me has dado porque sí.
Despiértame del confinamiento del alma que se va cerrando mientras viaja a otros lugares, donde compartimos camino, pero ni espacio, ni tiempo, ni memoria. Donde las estrellas brillaban fuerte pero cada uno las miraba desde un lugar distinto en tus manos.
Despiértame a tiempo de echar la vista atrás y que no gane el arrepentimiento, de saber qué pasa aquí y ahí donde su corazón late fuerte; a tiempo de saber qué grita en las noches oscuras y qué le hace sonreír de verdad.
Despiértame a tiempo de tomar de la mano la vida que me has prometido, de seguir andando contigo en mí, de comprender que comparar no es crecer pero puede ayudar a hacerlo cuando no se hacen juicios, sino valoraciones de esfuerzos con admiración. Despiértame a tiempo de exprimir al máximo cada instante, de fortalecer lo que soy mientras arrastro lo que fui, lo que viví, lo que aún hace eco.
Despiértame a tiempo de creer lo que te pido, de quererlo más que nada y dejarte hacer; a tiempo de perdonar todo y a todos, de poner más cariño que leyes donde encuentro obviedades. Despiértame a tiempo de volver a soñar, de salir al mundo y proclamar con mi vida que Eres, que Estás y que obras en esta pequeña porción de barro.
Despiértame a tiempo de fiarme, de ir, de quedarme quieta, de seguir el soplo de tu espíritu; a tiempo de darte en cada forma que me pides. Despiértame de la insolencia y el egoísmo, de las cosas tontas y las piedras del camino que siguen dentro tapando la luz.
Despiértame a tiempo de ubicarme, de saber dónde quiero ir y de atreverme a hacer el camino aunque nadie de aquí me acompañe porque donde vaya tú vas delante de mí. Despiértame a tiempo de aprovechar cada oportunidad, de encontrarme con la verdad, de enfocarme y no perder de vista el centro de mi existencia; de hacer lo que tú quieres porque eso es lo único que quiero yo aunque tantas veces me invente otras vidas.
Despiértame a tiempo de cumplir la misión que me has encomendado, de recordar cuál es y cómo he de llevarla a cabo. A tiempo de ser evangelio vivo que no deja de morir constantemente a la Vida Nueva que tú eres.