Entre dos aguas
En la lucha diaria entre lo que me da paz y la guerra que hay en mi mente, en el combate inacabable donde echan un pulso el ruido del mundo y el susurro de Amor de Dios. Entre las olas gigantes que me ahogan y el mar en calma donde se mece la barca que me sostiene. Entre un montón de suposiciones y mis deseos de que seas Tú quien muevas todo lo que se mueve.
En la angustia de ir por delante
inventando desenlaces que jamás llegarán proporcionándome un estado nervioso
que bloquea mis emociones y mata mis ganas de soñar; que me corta el vuelo y
atrapa mis pies en el fango, que derrite al calor del infierno la llama de Vida
Eterna que hay en mí desde siempre y para siempre.
En la penumbra de quien camina
errante buscando las señales que marquen cuál es la dirección mientras la Luz
de un faro inamovible parpadea con entusiasmo para que llegue a lo que Dios
quiera, como Dios quiera y cuando Dios quiera.
En el banco de la paciencia más
inquieta que una mierda, ahondando en misterios desconocidos, olvidándome de mirar,
de vez en cuando, al Cielo, confirmándome en los límites que voy fijándome con
el paso del tiempo.
Con más heridas abiertas que
granos de arena en la playa, con más recuerdos pesados que risas alegres
vibrando en el alma; con más tristeza que motivos, con más esturreo que orden
interior, con la certeza de que me amas pero de que no sé bien cómo hacerlo yo.
Con una intención grabada de
forma perenne en la memoria, con la ternura de la Madre que nos acerca al
latido más intenso y las etiquetas, las manías y la desgana con las que
últimamente me lleno.
Entre las voces de siempre que
desconfían y acrecientan mi inseguridad y la voz del Buen Pastor que me guía,
que pronuncia mi nombre y me da identidad. Entre la oración que está brotando y
la que no llega a arrancar.