La silla está vacía
La silla está vacía.
Algunos, que también son de Dios, vienen y van y la ocupan por un breve tiempo recordándonos que somos amados, que nuestro guardián no duerme y que en Su Corazón está a salvo lo que somos y sentimos; que pase lo que pase, el Misterio sigue dándose tan grande que no logramos entenderlo del todo y tan pequeño que nos cabe en la palma de la mano y nos acaricia el paladar. Pero se ha ido, la silla está vacía, y la Eucaristía está llena de él.
Tú siempre provees, Señor, no nos dejas y sigues enviando mensajeros de paz y amor que se dan con todo lo que son y lo que tienen; que acogen todos los tesoros que nos ha dejado y el modo en que ha edificado, desde el principio de sus tiempos, cada obra de vida que ha sembrado, pero hay un vacío en todo lo que vivimos desde que cumpliste su deseo, Tu Voluntad. Y, sin embargo, nos ha dejado algo que lo llena todo, lo mejor: TÚ.
Están vacíos nuestros ojos que no pueden mirar en los suyos la inmensidad del mar y la belleza de tantos paisajes y pasajes contemplados que ha convertido en palabras enlazadas como un puente entre dos tiempos; esos ojos que dejaban ver la ternura del Buen Pastor dando la vida por sus ovejas y siempre que estábamos perdidos leía los nuestros y nos indicaba el camino a casa. Esos ojos que asomaban sobre el cristal, han sido guía que daba acogida a otras vidas que para él jamás han sido ajenas porque el amor siempre mira más allá, abraza y ama sin esperar nada, y amaba de tal manera que cuando se mostraba más humano era difícil entenderlo porque se había convertido en un ideal. Pero era paciente, nos comprendía y seguía amando. Y orando también.
Está vacía la sacristía sin el humo de ese cigarro infinito y el sorbo pequeño de ese café amigo que acompañaba las tardes y era mucho más que un detalle. Están vacías y desordenadas las emociones sin tantas que hemos vivido y que no volverán a despertar; el despacho sin ese caos de mesa en el que tenía todo perfectamente ubicado y donde la música ha sido testigo de tantas confesiones y lecturas. Los salones y el banco frente al sagrario, las calles y el lugar donde leía el periódico por las mañanas.
La silla está vacía.
Y tenemos que vivir lo de siempre como nunca, por primera vez. Sin él cada día.
Sin
ti seguimos caminando por el desierto que ha nacido de tu vuelo ahora que no
tienes patas y eres un ángel que va de aquí para allá llevando a Dios nuestras
oraciones y murmurándonos eso que nunca
te has cansado de repetir. Ahora que eres canción, poema y eternidad, vamos a
presentar el cartel, escuchar el pregón de la voz de una persona preciosa sin
ti sentado en frente observando y escuchando; hemos de caminar por el desierto
que habitó Jesús, contemplar el Via Crucis más triste, caminar hacia Jerusalén
y entrar olivo en mano sin tu voz proclamando que el Mesías ya ha llegado,
cenar por última vez con Jesús y grabarnos en lo más hondo el modo de amar, de
estar y vivir, y hacerlo realidad (y atrevernos a decirle ¡Sí!). Descubrir la
Cruz, destapar el Misterio y besar Sus pies, en otras manos que no son las
tuyas. Y resucitar con Él, llenarnos de gozo, bendecir el fuego y encender el
cirio nuevo sin tu fragilidad y tu determinación, sin tu fortaleza y tus inseguridades,
sin la Luz que iluminaba tu cara cada noche que el Amor volvía para hacer
nuevas todas las cosas. Cada vez que volvías a saberte elegido y bendecido,
como me siento y me he sentido tantas veces gracias a tu forma de quererme y a
tu imparable generosidad al compartir lo que más amas.
Tenemos que volver al Antiguo Testamento para llegar al Nuevo sin tu oración envuelta en esa voz rota que tantas veces ha compuesto nuestros pedazos, sin esperar que te levantes para seguir avanzando hasta la bendición que nos impulsa. Tenemos y queremos seguir en todo lo que has sembrado porque, aunque te pareciera no ver la cosecha, a muchos nos has hecho florecer donde Dios nos ha plantado.
Sí, la silla está vacía; el corazón y el alma llenos, en una acción de gracias constante porque te vemos en todo, porque somos lo que somos porque tú has sido con nosotros, porque estamos llenos de recuerdos, de memoria, de sabiduría y de ti. Repletos de instantes, de enfados, de aprendizaje, de consejos, de palabras dulces, de perdón, de amor incondicional, de silencios y misterios, de la Palabra de Dios que a través de ti se ha hecho nuestra y de todo lo que hemos vivido y nos ha acercado más a Él porque decidiste confiar en quien somos y nos diste la llave de la Vida. Nos has mostrado el Camino y al adentrarnos en Él hemos descubierto mucho más y mucho menos de lo que los miedos nos dejan creer, tanto que no cabe en nada que esté a mi alcance; sólo en el Corazón de Jesús. Porque tú, siempre en la Verdad, nos has revelado el sentido de todo en tu hacer, tan humano y tan divino. El amor siempre. En todo.
Si se cierran las antenas o no nos amamos unos a otros como Él nos ha amado; si nos empeñamos en ese estar bien pudiendo estar mal tan tuyo y de tus cosas, y nos llenamos de miedo y no nos dejamos ser libres, repítenos con la misma pasión de siempre que nos ama, que nos quiere libres y que seamos auténticos.
No dejes nunca de estar estando.
Ahora lo entiendo.
El
vacío es grande porque es grande el amor.