Ni nosotros sin Él ni Él sin nosotros

Hay días en los que siento, especialmente, cómo la mano de Dios acaricia cada instante de mi vida. 

Una lucidez distinta me hace sentir la alegría de vivir y algo dentro de mí se siente algo incapaz de asimilar tanto bueno por nada (a cambio de nada). Es una sensación de agradecimiento permanente. Una consciencia distinta, más despierta de lo habitual. Creo que la gracia del Espíritu tiene mucho que ver con ello, pero imagino que la disposición de cada uno (como con las cosas cotidianas), también influye bastante. "El cuerpo no puede sin el Espíritu, así como el Espíritu necesita del cuerpo". 

 

No es que el Espíritu no pueda hacer nada sin el cuerpo, sino que al habitarlo, si no se le deja obrar, la voluntad de Dios no llega a termino en nosotros porque en vez de herramienta nos hacemos obstáculo. Y sí es cierto que Dios lo puede todo, pero si pudiendo todo nos ha escogido... ¿cómo no vamos a dejar que su Espíritu nos mueva, nos inspire, nos guíe?. 

 

La oración es muy importante para hallar fuerza y desarrollar los dones que nos han sido regalados pero que permanecen ocultos en alguna parte de nosotros. 

Es un refugio en el que descansar, un manantial donde calmar la sed, un abrazo donde fortalecerse. 

La oración es el aliento de la vida, la energía de Dios hecha silencio. Y como ocurre con tantas cosas esenciales, la dejamos para luego y así llega un luego lleno de agobio, estrés, cansancio y necesidad de algo más grande y nuestro que se nos pierde de los sentidos sin querer, porque nadie quiere perder lo que le hace feliz. 

 

Se nos olvida contemplar nuestra vida por buscar en el mundo lo que es del mundo, y nosotros no somos del mundo, el mundo es nuestro porque Dios lo hizo para nosotros. Somos de Dios pero en vez de buscar ser más suyos, luchamos por ser más de lo que el mundo demanda y realmente lo que el mundo demanda no  vale un chen... todo se pasa, todo se olvida, todo se escapa de nuestra manos. Sin embargo el amor de  Dios permanece y en sus manos, nosotros. 

 

Dios pide que seamos nosotros mismos. Que respetemos su decisión de hacernos felices a toda costa, que luchemos siempre con amor y justicia, que acompañemos a quienes nos necesitan y lo hagamos llegar a Él donde aún no es conocido o descubierto. A esos corazones que lo buscan aunque no lo sepan. 

 

Dios pide una sonrisa en tiempo alegre y una lágrima en tiempo triste. Una mano abierta en tiempo de dar y una mano cerrada cuando sujeta otra. 

 

Dios pide que vivamos, que disfrutemos cada instante de este regalo inmenso y principal, gracias al cual llegan todos los demás. Dios pide vida en nosotros para también Él poder vivir. 

 

Dios te pide y me pide cada día. Porque ni nosotros sin Él ni Él sin nosotros.