Niño Dios
Te miro y en tan pequeño espacio se me amplía el mundo, te contemplo en el silencio más íntimo que soy capaz de alcanzar, en esta inquietud vacilante que concreta un estado y lo transforma por la alegría de verte llegar, por este tiempo que me regalas y es todo don porque es todo tuyo.
Porque eres tú quien decide venir a verme, a estar conmigo, a ser en mí. Eres tú quien no se detiene porque me ama, quien no vacila porque confía, quien no se esconde porque es fiel.
Eres tú, de nuevo, tú que no has dejado de estar aquí. Eres tú la luz que alumbra cada esquina de mi ser y pone abrigo a cada espacio frío que aun no sabe con qué ocuparse aunque escucha una voz cálida en la distancia que cree que le está indicando algo.
Eres tú quien me causa esta sensación de alerta, esta increíble certeza de que todo está bien aunque todo está mal; quien me habita las entrañas de tal manera que aun en la más profunda consciencia, se deja ver para que yo me muestre.
Eres tú, tú quien deja que también yo pueda ser alguien hoy, en este tiempo en el que llegas para salvarme del mundo y de mí misma, en este desierto de sueños en el que me abrazas fuerte y no siento sed, en cada montaña que debo escalar en la que me ofreces tu espalda para cargar conmigo y así llegar juntos hasta el final.
Eres tú. Hoy y siempre, cada día de mi vida. Y soy
yo, para siempre, para Ti.