Tú me salvas

No crees que tengas poder para salvar, pero a mí me salvaste. Cuando le dijiste SÍ, cuando llegaste a mi vida, cuando me recordaste que el amor que sueño no me lo he inventado, que existe desde el Principio y no tiene final. Me salvas cuando tu experiencia abraza la mía y me invita a ser libre una y otra vez, cuando nombras el desapego, a Dios fuera del templo y el vivir amando aunque a veces signifique saltarse las normas. Me salvas cuando dejas que Él te mueva, te guíe, te inspire y te impulse y en un revuelo de coincidencias te pone justo delante de mí para que lo conozca más; para que me ame más a mí misma. Me salvas en las obras que confirman su existencia, en el lado bueno de las cosas que ahora no veo y me traes hasta aquí, en este pellizco en el estómago y en los nudos en el pecho que, claramente, me avisan de lo que sí y lo que no. Me salvas aunque no quieras, aunque te moleste, aunque te pese. Aunque siempre esté presente esta sensación de ser problema y no misterio. 

Me salvas de mí misma, de todo lo que me atrapa e inventa historias que termino creyendo, de creer que sólo se puede amar de una manera, de intentar llevar el control de todo lo que se escapa de mis manos.

Me salvas cuando abres la puerta a una Nueva Vida, a un camino de infinitas posibilidades que van soltando poco a poco la que percibí como única; cuando me llevas a buscar formas nuevas de expresar, percibir y acoger al otro, a ti, a mí. Cuando veo todo lo que debo cambiar porque estorba, porque quita espacio al Amor, porque siempre encuentra la manera de decirme qué falta, qué no soy y qué no tengo.

Me salvas de las falsas seguridades, de conformarme sin esperanzas, de quedarme como estoy. De seguir sintiendo que las respuestas de Dios son una piedra en el camino que me hace tropezar en vez de ver cada una como pieza fundamental que construye el camino. Que el Camino va creándose cada día para mí. ¡Para mí!. 

Me salvas cuando te conozco un poco más y veo que no todos creemos en nosotros mismos ni conocemos la forma en que nuestras vidas tocan otras. Son tan pequeñas las palabras... 
Pero Dios sabe que me salvas, ¡ya lo creo que me salvas!. Y no te doy todo el mérito, sé que es GRACIAS A ÉL, pero sin ti no sería posible. 

Aunque sienta que estorbe en tu vida, aunque tomen vida aquellas palabras que no desentrañamos y en las que no creo. Aunque te empeñes en hacer realidad la peor parte de ti... nada mata, elimina ni borra el amor. Yo no lo elijo, pero Él a ti sí. Y a mí me devuelve una y otra vez a esta lucha entre dos mundos en la que no encuentro el sentido; en la que no sé dónde está la Vida; en la que los fantasmas gritan fuerte y una suave brisa los aparta por momentos y me ayuda a respirar mejor.  Aunque no lo quiera y busque paz en medio de la guerra... Dios siempre tiene otros planes, otros pensamientos y otra mirada que va más allá y aún más allá nos lleva. 

Y sé que pase lo que pase, hay algo inamovible en mí con tu inicial, donde nadie puede acceder si Dios no lo permite. Es Él quien nos ha traído a este punto, yo no sé llegar sola a ninguna parte.