Tus Ojos
Estás ahí, clavado, y yo aquí con tantas cosas clavadas en el alma. Con tantos nombres a los que me abrazo y tan pocas verdades en mi memoria. Estás ahí, como un adorno por el que los niños pequeños preguntan. Ahí estás, siempre.
Qué egoísta la costumbre que hace de
lo más grande lo más insignificante, de tu entrega incondicional un montón de
palabras e instantes pasados.
Qué embustera es la costumbre, cómo atrapa y
envenena.
Tus rodillas lisiadas y tus pies gastados no
vendan mis heridas ni me impulsan cuando me canso. No me lava el pensamiento tu
costado atravesado ni se me quita la sed de Ti con el Agua Viva que derrama.
Me he acostumbrado a la cruz, a que sigas
muriendo, a morirme contigo, pero no como tú. No puedo perdonar en medio del
dolor ni puedo amar como tú me amas porque estoy inmersa en la lucha. Tampoco
oro con frecuencia al Padre ni le pido opinión, ni ayuda, ni respuestas. Estoy
harta de las mismas preguntas, de las mismas situaciones y las mismas
tonterías.
Pero tu mirada... Esa mirada...me deja sin palabras, me vacía y me llena, me hace sentir en casa y me da identidad. Me guía por el camino justo, me atrapa y me libera, me toma de la mano y me aparta de todo y de todos. Es lo único nuevo, la única luz en mi camino, la única canción que tengo ganas de cantar ahora: Tus Ojos.