Una cosa te falta

Renunciar a mis bienes... a los planes que he creado para mí, a las ideas que insisten pero han quedado obsoletas.  A los ideales que el mundo me ha inculcado y a los típicos tópicos que me alejan de la realidad. Renunciar a las cosas que no puedo remediar y al control que creo que tengo de nada. A las opiniones que no edifican y a las miradas que miran mucho pero no ven. Ni a Ti ni a mí. 

Renunciar a lo que me acomoda y me da seguridad si acaso tengo alguna fuera de Ti; a los pensamientos que se repiten como los ruidicos en bucle que me ponen nerviosa. Renunciar a lo que quiero si no es lo que quieres Tú. Renunciar a no querer sentir, ni arriesgar, ni borrar todo lo que creo para creer sólo en Ti. 

Abandonar casa, padre y madre, hermanos y hermanas para llegar a Ti, para vivir en Ti, para morir por Ti. Porque sólo así puedo encontrar lo que soy, quién soy y para qué me has llamado. Por qué, de tantos en el mundo, soy yo a quien nombras y cuidas, a quien esperas y amas, a quien has prendido esta llama en el pecho que no deja de crecer y moverse con el viento de tu Espíritu. 

Coger la cruz y seguirte. No cualquier cruz, mi cruz, la que parece pesada porque la quiero llevar sola, porque creo que sé cosas, porque oigo el ruido y me estreso y se me olvida la Verdad. Coger la cruz de las debilidades y las apariencias, de lo que dicen que es importante para ser querido, de todo lo que me impide alzar el vuelo. 

Coger la cruz e ir detrás de Ti, que aunque a veces dejo de ir Contigo, Tú vas conmigo siempre.