Mi trampolín a la libertad
Mi trampolín a la libertad eres tú; saber que existes. Es tu existencia la que me da el valor de alzar la voz y explorar los silencios, de donde nacen los senderos de mi vida y el instante en que el corazón, sin avisos, me da un vuelco. Eres tú quien escribe estas líneas con la huella imborrable de tu vida en mi vida. Es ese recuerdo que no sé de dónde nace y que me impulsa todo el tiempo a querer ser mejor, a estar más cerca, más de verdad.
Mi trampolín a la libertad eres tú; saber que vives. Es tu entrega la que me da la fuerza y arranca el motor de mis ganas cada día, de donde nacen los sueños de mi tiempo y la búsqueda incansable de tu sonrisa confiada a la mía. Eres tú quien enciende la llama de mi alma cuando en la noche las calles pierden sol y en la mañana las estrellas se disuelven.
Mi trampolín a la libertad eres tú; saber que me amas. Es tu palabra la que guía mis pasos y refuerza mi insistencia en no dejarme vencer, de donde nacen la comprensión y esa forma indescriptible de mirarme a través de tus ojos y perdonarme las miserias, de disculparme las caídas y empezar de nuevo una y otra vez. Eres tú quien me recuerda de dónde vengo y quien sostiene los caminos por los que voy.
Mi trampolín a la libertad eres tú; saber que me faltan palabras. Es tu ternura la que me llena los días de detalles y personas preciosas, de salidas en los laberintos y calma en horas de tempestad; de donde nace el manantial del que brota todo lo que me inspira a darme sin pensar ni medir, sin cálculos ni máscaras; a pesar de mis inseguridades y mis debilidades inquietas.
Mi
trampolín a la libertad eres tú; saber que me eliges cada día.
Es tu mano en mi mano la que me hace capaz de saltar.
Gracias,
Dios.