Cuaresma

El desierto, tú y yo, los misterios y la vida. Cuarenta días pintados de morado que recuerdan y enseñan el Amor, la Verdad, el Camino y la fuente de la Vida que es origen y fin de toda mi existencia, de lo que hubo antes y de lo que vendrá después. Te quiero.

Tu mano en mi mano que no me suelta, tu mirada descubriéndome de qué forma hacer las cosas, cómo acoger todo eso con lo que no puedo y dónde ponerme a mí misma en todo tiempo y lugar. Te admiro.

Cansancio y necesidades, falta de aliento, hambre y sed. Tentaciones. Tus respuestas que siempre vencen revelan el poder de lo más sencillo, hacen invaluable la perseverancia y el conocimiento, la fidelidad y la fe, el permanecer cerca. Te quiero conocer más.

Demonios y fantasmas, fragilidad y miedos, dudas e impaciencia que impulsan mis pasos a ir al contrario de lo que me pides, laberintos y atajos, mentiras y sueños, caprichos y excusas que siempre van por delante marcando el gesto, creando máscaras, facilitando las cosas que al final lo complican todo. Te necesito.

Un tiempo nuevo, silencio dulce, sonrisa y calma, respiro en paz. Tu vida en mi vida lo mejora todo, me capacita y me sana, me revela y alegra, sostiene mi alma y me inspira por sorpresa. Te doy las gracias.

Una oración, un deseo, una única voluntad siempre compartida, una intimidad y dos nombres, tres razones y una flor. Te confío lo que amo, lo que vivo, lo que soy.

Te pido perdón y te pido para siempre; que el desierto es paraíso si se vive desde Ti.