Vino nuevo, odres nuevos
Tú me muestras horizontes nuevos aunque yo cargue con mis viejos límites.
Traes brisa fresca a mi agua estancada y renuevas en mí la mente, la vista y la Alianza. Me distraes de mis distracciones con cada pálpito de tu vida inspiradora, perfecta y entregada a más no poder. Y no siempre creo que no puedo porque me olvido de que no soy yo quien me hace crecer.
Tu Palabra hace eco en mis ganas, en mi arrepentimiento, en mi deseo de cambiar; es el aliento que renueva mis sueños, que despierta mis motivos y me responde cada duda que me hace perder el equilibrio.
Tu
Amor me endereza y me sostiene, me empapa y me da color; es lo único que me
salva de todo y es todo lo que quiero aunque a veces parezca que no.
Es el bastón donde se aguantan mis tembleques, el Gran Misterio que vence a todos mis fantasmas, el que hace mis grandes monstruos pequeños seres. Tu Amor es lo que me está sanando.
Es la señal inesperada que me hace sonreír, la canción que expresa lo que siento cuando no encuentro palabras, el abrazo que recoge mi cansancio y el calor del hogar donde siempre puedo ser y estar. Es la amiga y el café, la mano pequeña que se alza hacia mis manos, es la ternura más pequeña ensanchando el corazón y el amigo haciendo visibles las cadenas invisibles que llevo dentro.
Es
tu voz que no se cansa de decir mi nombre, de invitarme a seguirte y de hacerte
presente “cada día hasta el fin del mundo”. Tu Amor es mi curica como un espejo
donde te he visto y tu “hacer nuevas todas las cosas” volviendo en otra mirada,
otro rostro y en otro hacer y estar estando también.