Domingo de Ramos
Entre palmas y olivos, entre
gritos de Hosanna, a lomos de un burro, va el Amor. Unos se apartan a su paso,
otros se abalanzan sobre él. Yo me quedo quieta.
Aparece majestuoso en la sencillez más sublime y me mira a los ojos. Me conoce. ¡Me conoce!.
Todo es nuevo. El paisaje, su llegada, su mirada, las gentes y las voces, la preparación y las prisas. Todo nuevo. Él, siempre, hace todo nuevo. Siempre lo digo porque siempre es así.
No viene para quedarse, pero sé qué volverá. No viene para ser servido, pero yo le serviré. No alza la voz, ni pierde el tiempo en tonterías. Él es Amor, sólo sabe ser eso. Nada más que eso, Todo Eso.
Habla de preparaciones, de dolores y cruces, de tristezas venideras, de una gran alegría que llegará después. Pero no presto mucha atención a lo que dice, sólo puedo mirarle y mirarle y siento una paz extraña en medio de tanto ruido.
Yo no era capaz de nada y ahora siento que lo puedo todo. Quiero intentarlo todo. Por Él, con Él y en Él.
Me ha invitado a cenar con sus amigos y aunque, si lo pienso mucho, no sé qué pinto yo ahí, iré porque es Él quien me lo pide y porque quiero conocerLo más.